La novia no paraba de reír.
—Algunas se conforman con poco…
—dijo, mirando de arriba abajo a la otra mujer
—. Pero bueno, cada quien con lo que le toca.Las miradas en la sala se volvieron incómodas… pero ella seguía sonriendo, segura de sí misma.Hasta que alguien se acercó corriendo al novio.
—Señor… el jefe ya llegó.El ambiente cambió.El novio se acomodó el traje rápidamente, nervioso.
—Compórtate
—le susurró a la novia
—, ese hombre es quien decide todo en la empresa.La puerta se abrió.Silencio total.Los pasos se escuchaban firmes… elegantes… imponentes.Y entonces…La sonrisa de la novia se congeló.Porque el hombre que acababa de entrar… no era otro que el “pobre” del que se había estado burlando.Pero lo peor no fue eso.Lo peor… fue verlo caminar directo hacia su esposa, tomarle la mano con orgullo… y luego mirar fijamente al novio.
—Mañana hablamos en la oficina.El rostro del novio se quedó sin color.La novia… ya no sabía dónde meterse.Y en ese momento entendió algo que le cayó como un golpe:Que no todo lo que brilla es riqueza…y no todo lo que parece humilde… es poca cosa.Pero ya era tarde.Porque hay humillaciones…que la vida cobra con intereses.